El sauce llora, delgadísimas
lágrimas
doradas.
Me desdeña en nuestro
invierno
por saberse
mucho más
solo que yo.
El Sol de Tolosa
empuja más
viento
que olas en el
río.
Restringe su
blanca luz
a sólo una
orilla
dejando en
negros ocres
los centenarios
barros
cocidos de la
otra
La que miro.
No como ella
mira
dentro del
espejo
el mundo de
sentimientos,
de las ideas.
Como capullos
los hornea
para un mejor
banquete,
eso es lo que
ella mira,
y la miro, la
Alejado de las
palabras,
palabras que
resuenan,
que a todos
importan
Separado del
oficio
que demanda
esfuerzo,
entrega, rigor
Espectador
caprichoso
ocasional,
mezquino
Viejo, y a salto de mata
exigí cosechar
de lo que
por casualidad
se halla.
Deja en el papel
la ruta llana
banal, sin
historia
Obra del primer
disparo
Antojo de dios
infante
Contradice siete
mil años
siete
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