Biovida,
sólo faltaba que así llamaran
a
esa burda farsa imitadora…biogrilla.
Biofiltro, turbia falsificación,
que a la manera de la rebelión de Luzbelle
no es más que riñón fallido,
intentona que para limpiar pecados
a su vez peca al desmenuzar, sólo,
la podredumbre, lo ajeno,
lo obsceno, lo ya contaminado.
Lejos está de equipararse esa biovida
con aquellas tres contaminaciones
de mi vida a la que debo llamar anti-biovida.
Hablo de tres naturales contaminaciones naturales,
que no bionaturales.
A la mitad del puente
Ya cerca de mi breve morada
Presencié la nevada veraniega.
Eran copos, infinidad de ellos
copos germinales que a mi mirada
y al Sol saturaban.
Sobre la ribera del Rin se amontonaba
ligerísima nieve vegetal
Más y más adelante
en los dos arroyos de la calle
se acumulaba voluminosa.
Mil veces golpeaba el parabrisas
desafiante, desafiando el andar
y las mercedes del carruaje.
Creí que era yo, que para mí era
Pero para toda Colonia era.
Dos portentos ¡Créanme!
Con un gran susurro
se llena el laberíntico paraje.
Me alarmó, es verdad,
su vibrante presencia.
El murmullo me envolvía
sin prepotencia de su parte.
Mientras tanto la mirada
se infestó con millones de ráfagas
cuyos destellos me herían.
Sabiéndose mortales, con la sed del mediodía,
revolotearon hacia el arroyo
las tonalidades de serio anaranjado.
Sabiéndose mortales, amenazadas por nuestra estúpida
bioignorancia que para ellas representa la biomuerte,
a calmar su sed al arroyuelo fueron.
Creí que era yo, que para mí el espectáculo era
Pero Santuario era.
Dejé de ver el bosque
para ver el árbol.
Dejé de ver el árbol
para ver la mata.
Dejé, finalmente, de ver
la mata para entregarme
a la biomata.
Creí que era yo, que para mí era
pero dejé de ser yo.
Ya, yo, no era.
San
Isidro
El
día de San Patricio del 2001
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