Cómo los amé a todos
de
golpe, a primera vista.
Como se ama lo desconocido,
a los
mundos prohibidos.
La mañana universitaria,
recuerdo era gris,
reunió a los
distintos,
a
los desiguales, amantes
de la
alquimia y parafernalia.
Con orgullo aceptaron combinarse,
euforia y logaritmo.
Todos, raros, elegidos,
en aquel matraz, tablero lúdico.
Aquellas mezclas se produjeron,
algunas
termodinámicamente
espontáneas,
otras antinaturalmente,
contra las
leyes se reprodujeron.
Febrero, todavía
invierno
Garantizó,
catalizó
las alianzas, las rivalidades,
Los amores
de toda la vida.
Venían del Norte, del Golfo,
del Sureste,
del centro.
También de extranjia.
Y hasta de Toluca
y Neza
llegaban.
Los unía la lengua matemática
Y
la periódica tabla.
Los distinguía el alemán, el zapotéco,
el albur, y el bien hablar.
Los amé a primera vista,
Al Felipe el de la siete
Al Ballinger y su carácter fácil,
Al Negro, y a la Rata
Poetas y trovadores.
¿Que la reacción comenzó
Cuarenta
años hace?
Pues a la Segunda Ley
y a mí nos
vale.
O espontánea es
O no es. Más bien
borrosa es.
En fin, hoy y aquí les digo
Que Yo los amé a todos
de una sola vez.
Con
desequilibrio,
desde aquella vez.
Santiago Flores
7 de febrero 2004 - 1964
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